CIEN DÍAS DE ESPERANZA O INCERTIDUMBRE DEL GOBIERNO

Postillas de coyuntura - 032/22


Bogotá, noviembre de 2022


 

Antecedente

Hizo carrera a partir de las escuelas de “Mercadeo político y Opinión pública”, efectuar balances de los primeros 100 días de gestión de un gobierno que para el caso de Colombia equivalen al 6.8 % del periodo presidencial, para este momento elegido por 4 años o 1.460 días.


Encuestas de opinión promovidas por medios de comunicación y el mismo gobierno; extensas campañas de publicidad evidenciando logros o desaciertos; Un electorado dividido y expectante al rumbo que pueda tomar el país en un mundo globalizado, es el escenario.



Lo que se vive

Evidente desconexión de lo que se dice en los medios de comunicación, con lo que para el Gobierno Nacional son hechos positivos de logros y avances en tan corto tiempo, al pasar sus primeros cien días, enseñando resultados poco evaluables, mientras que, para la mayor parte de la sociedad colombiana, no existen proyectos tangibles, que respalden el progreso de todo un país.


Las promesas políticas del pacto histórico, para llegar al gobierno, engañaron con sus ideales y propuestas de gobernabilidad, a la gran mayoría del país, que querían y esperaban soluciones financieras y económicas que favorecieran el trabajo y el empleo, y que al menos no incluyeran impuestos a los ya tantas veces implementados, además que no favorecieran a los criminales que tanto afectan la seguridad de todo un país, y ya no tienen o cuentan con un respaldo del pueblo, como lo muestran las manifestaciones de apoyo al gobierno en el fugaz lapso, donde son pocos los que salen a expresar su reconocimiento, por cuanto la gran mayoría de sus adeptos querían cambios que no han visto y al contrario lo que muestra el estado no era lo que se esperaba.


Se dibuja y desfigura, la gobernabilidad, con reformas tributarias que afectan las finanzas de las empresas y por ende van a castigar el empleo que parece no ser un objetivo del gobierno de turno. Y no hay que esperar un año más o que termine el período de gobierno, para evaluar los resultados de las implementaciones que podrían resultar fallidas o se encuentre ya el país en un caos o quebrado económicamente.


La superinflación desbordante del país actual y que incrimina a gobiernos anteriores, denota falta de administración y falta de preparación frente a los inconclusos proyectos de gobierno que por los cambios políticos bloquean su continuidad por cuanto los intereses partidistas son diferentes.


Se observa que muchos colombianos pensando en la falta de oportunidades laborales y desgobierno ya han abandonado el país tratando de encontrar otras conveniencias personales y familiares; en tanto que otros tramitan pasaportes y visas buscando unas mejores opciones para sus familias. Pero todos no podrán salir del país por cuanto no cuentan con los medios para hacerlo.


El control de la corrupción tan sonante en el país no muestra resultados y el gobierno se resiste aún en exigir la práctica de valores y virtudes de responsabilidad, rectitud y transparencia en el manejo de los recursos; además de no enseñar con ejemplos desde la Casa de Nariño.


La meritocracia a la que tanta publicidad han dado para premiar en forma justa a profesionales esforzados y que puedan tener un mayor desempeño tiene una tendencia a desaparecer en el país, ya que, sin concursos y procedimientos fiables y confiables, ya han ubicado en diferentes cargos a personas poco preparadas en diversas funciones, lo que posiblemente se está haciendo como pago al apoyo político del partido de turno, sin importar su profesionalismo y rendimiento efectivo.


Mal mensaje a la sociedad colombiana cuando no se reconoce la alta inflación y no se aprecian medidas efectivas para contrarrestarla ya que se continúa al alza de todo tipo de productos, empobreciéndose cada más los colombianos.


Contrario sensu el gobierno sigue insistiendo en reformas pensionales que auguran desaciertos si se afectan las pensiones de los colombianos que han trabajado y esperado para su vejez una pensión digna y se favorece a crimínales que tanto daño le han ocasionado a la sociedad, colocando en riesgo los ahorros de los aportantes y el futuro de muchas familias en condiciones de necesidad.


El aumento permanente en hechos de inseguridad y la falta de apoyo a los organismos e instituciones que trabajan en contra de la criminalidad por cuanto los gobernantes cuestionan la funcionalidad de los jueces y fiscales, cuando se hace necesario reformar la justicia e incluir medidas correctivas efectivas que corten el delito y sus actores, ya que se percibe que el criminal no le teme a la captura y a las sanciones legales.



Evidencias que quedan en el ambiente

Son varios los centros de pensamiento y generadores de opinión que coinciden en:


· Un bajo nivel en la cultura política de los ciudadanos, que facilita la presencia de contradicciones e incoherencias en el manejo de políticas públicas externas e internas por parte del gobierno de turno.


· El sector productivo del país está en un momento de desazón al no tener un horizonte claro sujeto al vaivén de declaraciones o ideas arrojadas al viento para ver cómo se enrumban.


· Se continua con la histórica baja calificación de los gobiernos, en un país expectante de soluciones reales y efectivas y no de largos monótonas disquisiciones del gobernante en turno.


· La distancia que existe en los medios de comunicación y la masa de población informada y experta en temas fundamentales y vitales para el país.


· El gabinete de gobierno en su conjunto, carece de idoneidad y experticia para el ejercicio de sus responsabilidades y funciones, trasmitiendo una sensación de desgobierno e improvisación.


· Ausencia de lideres políticos y estadistas que puedan ayudar a llevar a feliz término esta nación que es de todos los colombianos y no de unas minorías.


Conclusión

Colombia continúa en riesgo político y caos económico. El cambio por el cambio no es la solución. Se debe concertar y enrumbar, pero no a costa de acabar lo bueno que se tiene para imponer modelos probados y fracasados en otros países y circunstancias.


El estado debe acabar con la burocracia existente en todos los niveles de la gobernabilidad y mejorar las condiciones de seguridad del país, acciones que tendrían como resultado final una mayor confianza en la inversión extranjera con las posibilidades de aumentar el empleo y hacerse una mayor inversión social.

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