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DOLOR DE PATRIA POR LOS SOLDADOS Y POLICÍAS QUE DIARIAMENTE MUEREN

"POR EL SOLO ECHO DE SER LOS CUSTODIOS DE LA LIBERTAD Y EL ORDEN"

 

Postillas de coyuntura - 017/23

Bogotá, abril de 2023



El dolor de perder un hijo, esposo, hermano o padre no está solamente en sus familias o allegados, permanece en el corazón de esta Patria y de todos los colombianos que apreciamos el trabajo y la entrega de los uniformados de la fuerza pública que a diario enfrentan con su vida el desorden social que se disfraza de acuerdos y convenios a escondidas.

El País ha sufrido con la pérdida de grandes personas, a través de tantos años de violencia política y de diferentes problemas y factores sociales generados por las malas administraciones o gobiernos corruptos y faltos de amor y verdadera entrega a la patria. A los uniformados que ya no hacen parte de nuestra vida el agradecimiento por su dedicación y entrega, de seguro muchos colombianos darán gracias perennes por su sacrificio y esperamos que este sacrificio no será en vano y los responsables de estos hechos trágicos asumirán su responsabilidad y pagarán las sanciones que merecen por despreciar la vida y el país

Para los héroes que no conocimos, pero con los cuales compartimos un territorio, un país, una bandera nuestro sincero consuelo y fortaleza a sus familias, por esas acciones heroicas que merecen el respeto de toda la nación. Muchos quisiéramos tener el arrojo y la valentía de estos hombres de honor. El Dios de los ejércitos os recompensará como lo merecen.

Del dicho al hecho hay mucho trecho

La buena voluntad y buenos deseos no bastan. Querer desconocer la realidad del mundo criminal colombiano y hacer oídos sordos a las apreciaciones de los organismos de inteligencia e investigación criminal que por muchos años vienen estudiando, identificando el accionar delictivo se debe considerar como un error que los decisores del alto gobierno en su momento deben justificar ante los jueces de la RepÚblica.

Pensar que por el solo hecho de un pasado oscuro y violento, perdonado por los gobernantes de turno en búsqueda del bien común de la nación, le da la capacidad a un “personaje” que en su ya larga y exitosa carrera política, solo ha criticado y atacado a un sistema de gobierno, pero no ha aportado verdaderas propuestas de solución a los grandes problemas sociales del país y más bien ahorra en el poder ejecutivo su sequito más cercano da continuidad a los vicios de la dirigencia política tan criticada y vilipendiada.

Quedan en la mente las promesas de campaña de lograr una paz total, como la llama en muy pocos días. Plazos como con el ELN, donde afirmaba que en tres meses tenía un acuerdo listo, a los cultivadores de coca asumiendo el rol de campesinos emprendedores, a los narcotraficantes entregando sus fortunas y estructuras logísticas de producción, transporte y comercialización de sus productos, a los renegados de las negociaciones con las FARC del 2016, alejados de la extorsión, la intimidación, el reclutamiento de menores y cuando no comercializando narcóticos, si brindando protección a toda la cadena de producción.

La tozuda realidad nos obliga a especular que debe hacer el gobierno nacional que ha adquirido compromisos con estos apátridas, no podemos exigir lo que no han de escuchar y que conocen pero que no van a hacer.

Esta realidad, por el contrario, siempre ha evidenciado que hacer negocios, convenios o acuerdos con crimínales nunca será fiable o confiable porque el hombre miente por satisfacción, por necesidad, por conveniencia y sin compromiso. Lo que inocentemente o de buena fe esperamos de ellos se convierte en oportunidades para sentirse engrandecidos y exigir condiciones que de nada van a servirle al país.

¿Cuántos muertos o mutilados más, debe colocar la fuerza pública para que se tomen acciones diferentes que exijan un compromiso total para que se llegue a la verdadera paz?

Hacia la verdadera paz

Los organizaciones crimínales con nombres como el ELN, FARC, PARAMILITARES, o con cualquier otra sigla o denominación, ya no pueden condicionar más la gobernabilidad de este país y seguir arrodillando a gobiernos y gobernantes, el monopolio y manejo de las armas debe estar en el Estado y las autoridades legítimas que lo representan, para exigir el cumplimiento de la ley y la defensa del territorio, y cualquier persona que no posea un permiso para portar una arma debe estar enfrentando procesos judiciales por no cumplir la ley.

Cuántos costos le ha generado al pueblo colombiano procesos de paz fallidos, que sólo han mostrado falta de capacidad de la Nación, cediendo espacios que no han sacado al País del estancamiento económico y de progreso y desarrollo social, que sigue siendo una problemática más compleja en el tiempo sin soluciones.

No tiene sentido seguir avanzando en diálogos condicionados por los insurgentes, faltos de responsabilidad y aprecio por el País. Sus demostraciones de violencia y demás acciones ilegales que siguen ejecutando no son hechos demostrativos de querer una paz efectiva y verdadera, y cualquier análisis y apreciación de estos hechos deplorables se mira al gobernante de turno como tonto y estúpido, además de falto de entendimiento en resolver los conflictos internos y las diferentes problemáticas del pueblo y sociedad colombiana.

Los diálogos que conlleven a la paz y la justicia social, deben ser serios, responsables y de compromisos a abandonar sus actividades ilícitas, entregando las armas y todo bien arrebatado de sus propietarios legítimos, sin condicionamientos y ataques a la fuerza pública, ya que ellos fueron los que le fallaron al País.

La construcción de la paz avanzara y se evidenciara con la anulación de la violencia y todo hecho delictivo que se viene cometiendo por los armados ilegales.

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