Realidad, imaginación, ficción


 

Postillas de coyuntura - 004/21


Bogotá, Marzo de 2021


 

GETTY IMAGES


En algunas latitudes, en especial en nuestra Colombia, vivimos lo que podríamos identificar como: el cáncer de la izquierda. Llámese como se quiera, pero su avance y penetración en la masa social especialmente en los más jóvenes, es fuerte y preocupante.


¿Que está viendo esa juventud?


Que los fingidos líderes a través de una supuesta reivindicación y lucha por las minorías, obtienen un exclusivo y egocéntrico enriquecimiento en sus intereses personales y los de su familia, situación que es notoria, si tomamos casos evidentes y concretos de nuestra realidad.


Podríamos decir que, el inicio de la guerra fría, encabeza el origen de desigualdades y crecimientos prominentes de riqueza y acumulación de capitales, lo que genera en el mundo, especialmente en los países en vía de desarrollo y de América Latina, el surgimiento de tartufos y cabecillas populares que defienden a los menos favorecidos, es decir a los pobres, de los más favorecidos los ricos, ocurre, en Cuba, en Chile, en Argentina, en Venezuela, en Ecuador por mencionar algunos y caminan a pasos de animal grande en Colombia.


Curiosamente en estos países, esos líderes con tintes de caudillos y sus familias, dejaron la pobreza del pueblo y se convirtieron en poco tiempo en familias multimillonarias; no es claro, si lo han aprendido, si existe una escuela, si nacen con esa capacidad de engañar, difamar, criticar, corromper y mentir, pero ahí están. En Colombia tenemos varios exponentes, que no es necesario mencionar sus nombres, pero tiene unas características, formas y maneras muy similares.


Generalmente, hijos de padres trabajadores de clases no muy acomodadas, algunos maestros, algunos dirigentes de partidos o movimientos comunistas, educados en destacadas universidades, con títulos profesionales, maestrías, y doctorados; han ingresado a la administración pública, a Consejos municipales y Asambleas departamentales, al Congreso de la República y además han ejercido como alcaldes o gobernadores.


Se destaca, que todos estos personajes, dicen ser hijos del pueblo, iluminados por derecho divino para acabar con todos los males del sistema en el que vivimos, pero aquí es importante llamar la atención, no todos “los del pueblo” pueden asistir a las mejores universidades, desempeñar cargos públicos, devengar salarios del erario público, como es el caso de ellos.


Tiene privilegios sobre los demás, como gruesos esquemas de seguridad, medios de transporte blindados para ellos y sus familias.


Pertenecer al Congreso de la Republica en Colombia tiene tufillo de corrupción, igual que el ejercicio de mandatos en alcaldías y gobernaciones; pero en el caso de estos personajes no es así, ellos con gran cinismo aseguran que son los únicos que no son corruptos, que no emplean a sus familias (nepotismo), que no reciben y dan dádivas por contratos, que no nominan en su unidad administrativa a su familia y amigos, así no cumplan requisitos.


El discurso es el mismo, odio de clases, igualdad social, repartición de capitales, defensa de minorías, figurar en medios de comunicación, siempre contradiciendo al gobierno de turno, odio visceral por las fuerzas militares y la policía, su vida personal poco recomendable, opacada por sus graves actuaciones, maltratadores, acosadores y exintegrantes de grupos al margen de la ley, en donde cometieron toda clase de violaciones a la dignidad humana con aquellos que pensaban diferente a ellos o que no accedieron a sus extorsiones y amenazas.


En el sistema, que dicen combatir, donde los “oligarcas o ricos” lucen ropas de moda y prendas de marca, Ferragamo, Hermes, por mencionar algunas o disfrutan de restaurantes finos y costosos; vacaciones y viajes al exterior; también extrañamente estos personajes que se señalan del pueblo adoptan estas costumbres.


En el sistema, los gobernantes de turno reciben coimas y financiación ilegal, extrañamente estos personajes reciben bolsas de basura con dinero y hacen contratos millonarios adquiriendo elementos que nunca sirvieron para el uso de la comunidad, desfalcando el erario público, investigaciones cursan en la Procuraduría y otros entes de control.


En el sistema, los gobernantes de turno deben conciliar, cumplir con el orden legal y judicial, extrañamente estos personajes hacen su voluntad pasando por encima normas y procedimientos, y no hay juez, ni justicia que los aborde.


En el sistema, los gobernantes de turno y los empleados públicos, deben respetar, caso contrario serán investigados por calumnia e injuria, extrañamente estos personajes hablan mal de todo el mundo, acusan sin pruebas y no hay juez o justicia que los someta.


En el sistema, los gobernantes responden por el mantenimiento del orden público y la seguridad ciudadana, proteger los bienes públicos y privados, extrañamente estos personajes ejerciendo como alcaldes, arbitrariamente incitan al pueblo a quemar y matar policías, dañar los bienes públicos y privados y no hay autoridad que diga algo; por el contrario, el policía que no se dejó quemar o matar, será prejuzgado por el alcalde y enviado a prisión por la izquierda judicial, omitiendo el respeto por el derecho fundamental a la vida, al debido proceso, la dignidad humana y el fuero del que están constitucionalmente amparados.


¿Cómo cuestionar a un pueblo que no ve, no oye, no escucha, no lee, no cree?


¿Será que el pueblo está convencido que así vamos a salir de este sistema a uno mejor?


Estos personajes, han recibido toda su vida salarios públicos importantes, de aquellos que ellos critican de desigualdad, viven del sistema y de la necesidad, dolor y estupidez de un pueblo enredado en la definición de izquierda, derecha o centro.


Si es una enfermedad se llama cáncer de izquierda, si es un adoctrinamiento y penetración en la justicia, se llama justicia de izquierda y si es para ellos y sus familias lucrarse o vengar una supuesta o posible mala actuación de autoridades en su contra, se llama reivindicación y enriquecimiento de mis intereses y los de mi familia.


Es este “el socialismo del siglo XXI”


Es la ‘inversión revolucionaria’, la inversión de los valores donde la estrategia perversa y eficiente, convierte lo malo en bueno y lo bueno en malo, mediante la promoción sistemática de la mentira.


Pero hay algo que no permite al ciudadano del común ver como ese cáncer de izquierda y su justicia amañada y patrañosa, es la enfermedad crónica que destruye los países que son gobernados por estas corrientes, cargadas de resentimiento y violencia, la falta de sensatez, amor por el prójimo y por la Colombia querida.

3 visualizaciones0 comentarios